
Uno puedo decir algo diciéndolo simplemente, de forma llana; como lo hace por ejemplo el chofer del colectivo cuando nos pregunta de cuanto queremos el boleto. También puede uno poner un falso énfasis a las palabras, fingirlas y decorarlas, como lo haría un vendedor. O también puede sentirlas, como es el caso de ésta artista Americo-Canadiense. Lhasa de Sela vivió su infancia y su juventud entre Estados Unidos, Canadá, México y Francia. Todos los rastros de los kilómetros y experiencias vividas están presentes en su voz, en su tono que se tambalea entre la agonía y el miedo.
Yo la escuché por primera vez hace unos 4 años. Mi hermano hizo una obra de teatro y una de las canciones que usó era de ella, una canción tradicional que mi abuela cantó (y canta) a sus nietos desde siempre (Los Peces), una canción que ella nunca había escuchado más que cantada por su madre, una canción que la emocionó muchísimo cuando la escuchó en el cruel ambiente de esa obra.
Hasta hace unos días no había escuchado ninguna otra canción de Lhasa de Sela, pero de casualidad me topé con el CD donde está la canción y lo escuché por curiosidad (La llorona). Único. La voz que tiene esta mujer es inigualable e indescriptible. Sólo editó hasta ahora dos discos, pero ambos son trágicamente perfectos. El primero es integramente cantado en español, el segundo (The living Road) tiene canciones también en español, pero otras en inglés y francés.
Como no encuentro alguna otra forma de describirla, dejo una canción de cada uno de sus discos. Que hablen por si solas, que desgarren por si solas.
El Desierto(Mi favorita)
Con toda palabra(Además, un video precioso)










