
Foto del autor original en Flickr
Estuvimos parados durante más de 20 minutos frente a la cámara con la inmovilidad de las estacas en la orilla. Mi madre estaba ansiosa pues era la primera vez que lo intentábamos, y se habia esforzado durante toda la semana para tenernos a todos vestidos tal como ella lo tenía en mente. El fotógrafo nos observó como parte de su rutina.
Siempre me sorprendió la forma en que cambian las cosas respecto a las personas: cómo para alguien en un segundo está cambiando el mundo, y para otro, es todo una rutina absurda. Ese instante sin embargo es el mismo.
Lo más maravilloso de la fotografía es que puede extraer el instante del tiempo dependiendo de la realidad de cada uno, como si se tratase de una herramienta mágica.
Sin embargo, su mayor cualidad es lo que más me hace detestarlas. Pienso en cómo aquellos 20 minutos se reducen hoy en día a un papel, e irremediablemente imagino un solar enorme, mucho pasto, y lápidas en fila. Tantas vidas reducidas en tierra. Yo moriré realmente el día en qué alguien mire esa fotografia y diga:
-Abuelo ¿Quién es el de la foto?- Y el abuelo con una risa burlona y senil, se de cuenta que no tiene la menor idea.
En la casa de mis abuelos Alicia y Antonio (Toto), hay una pared donde cuelgan fotos muy antiguas (Siglo XIX). Cada vez que voy les pregunto por los nombres de todos, parentesco, motivos por los que vinieron (o no) a América, etc… Tengo como proyecto escribir todo lo que me dicen porque pienso que cuando la memoria de mis abuelos no esté más, aquellos que están en las fotos tampoco van a estarlo.







