

El sábado vi Annie Hall, una película de Woody Allen que realizó en 1977. Es de las películas que más me han gustado, definitivamente. Genial en todo sentido, mezclando situaciones dramáticas con otras cómicas, ¡comiquísimas de hecho! El guión es excelente tiene reflexiones que me encantaron y que se las encara de una forma muy creativa, al igual que la forma en que transcurre la película. El personaje le habla directamente al espectador en algunos casos, algunas cosas suceden desordenadas y muchos otros factores logran que uno este atento constantemente y además, disfrutando sin parar. Altísimamente recomendada, ya se hizo un lugar en mi Top 10 (?).
También fui hoy a ver El sueño de Casandra, también de Woody Allen. Me gustó mucho, es más drámatica que la anterior pero no por ello menos atractiva. Un manejo tremendo de los personajes y de las situaciones que atraviesan, la ambición, la amistad, el amor, el bien, el mal y demás temas de la parte esencial de los humanos. Sin dudas, otra joya que recomiendo para ver.
Por otra parte, el sábado también fui a ver Las crónicas de Narnia, el principie Caspián y no me gustó para nada. Los paisajes y efectos especiales están muy bien tratados, pero el argumento no aporta nada y durante toda la película se lo ve forzado con situaciones del tipo:
-Uy che, hace mucho que no vamos a Narnia
-¡Mirá que buena onda, se está formando un portal místico que nos va a llevar!
(Y casi no estoy exagerando)
En fin, a continuación el fragmento de la reflexión final de la película Annie Hall, primero el texto y abajo el video. Brillante.
No obstante, volví a verla. Volví a ver a Annie. Fue en la parte alta del Oeste de Manhattan. Había vuelto a Nueva York. Vivía en el Soho con un chico y, cuando la vi, lo estaba arrastrando a ver el documental La Pena y la piedad, así que lo tomé como un triunfo personal. Annie y yo almorzamos poco después, y hablamos de los viejos tiempos. Después se nos hizo tarde: los dos nos teníamos que marchar, pero fue magnífico volver a ver a Annie. Me di cuenta de lo maravillosa que era y de lo divertido que era tratarla, y recordé aquel viejo chiste, aquel del tipo que va al psiquiatra y le dice: “Doctor, mi hermano está loco. Cree que es una gallina”. El doctor le contesta: “¿Lo ha llevado a un médico?”. Y el tipo le dice: “Lo haría, pero necesito los huevos”. Pues eso, más o menos, es lo que pienso sobre las relaciones humanas, ¿saben? Son totalmente irracionales, locas y absurdas, pero… supongo que continuamos manteniéndolas porque, la mayoría, “necesitamos los huevos”.
Woody Allen, fragmento de Annie Hall
Cuando lo escuché no pude evitar sonreir y decir “Este tipo tiene razón”. Creo que nadie explicó nunca de manera tan acertada cómo es que son las relaciones humanas.






