Siete Crisantemos » 2008 » Septiembre
Sep 30

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Cuentan las escrituras de los falsos profetas
pero nunca nos previnieron de estos “poetas”
estos oportunistas de la mala memoria
galanes populistas, rimadores de sobra.Bichos que crecen alto como enredadera
y así van enredando moda, canto y moneda
intelectualizando al personal distinguido
del gusto quinceañero y comprador compulsivo.

Alejandro Filio, El reino de los ciegos

Primero que nada, ya todos saben que NO soporto a Arjona. Reconozco que canta “bien”, pero más allá de eso no le veo absolutamente nada. Tampoco creo que TODAS sus canciones son malas, ni tengo nada contra quienes lo escuchan -aunque si pueden escuchar otra cosa mejor jaja-.

Una de las cosas que más me molesta, es que en algunas de sus canciones (y no digo en todas porque no conozco todas), se nota una inspiración muy fuerte en otros artistas (léase plagio ). En este caso voy a mencionar algunos relacionados con Sabina que encontré dando vueltas por Internet:

Joaquín Sabina:
“Vivo en el número siete, calle Melancolía”
CALLE MELANCOLÍA – 1984
Ricardo Arjona:.
“Vivo en la calle Amores, piso 6 numero 28″
AUN TE AMO – 1994

Joaquín Sabina:
“Solo como un poeta en el aeropuerto”
ASI ESTOY YO SIN TI – 1987
Ricardo Arjona:
“Solo como Octavio Paz en una disco de moda”
SOLO – 1993
Joaquín Sabina:
“y aunque quiera olvidar no se me olvida que no puedo olvidarte”
INCLUSO EN ESTOS TIEMPOS – 1994
Ricardo Arjona:
“Olvidarte es recordar que es imposible olvidarte”
OLVIDARTE – 1998

Joaquín Sabina:
“Los profetas urbanos salen de sus guaridas
Cuando la noche calza sus botas de metal
y bailan abrazados el loco y el suicida”
NEGRA NOCHE – 1980
Ricardo Arjona:
“Yo bailo al son que me toca la vida
soy medio loco y suicida”
BAILA CONMIGO – 1993

Joaquín Sabina:
“Yo le quería decir la verdad por amarga que fuera
contarle que el universo era mas ancho que sus caderas
le dibujaba un mundo real, no uno color de rosa
pero ella prefería escuchar mentiras piadosas”
MENTIRAS PIADOSAS – 1990
Ricardo Arjona:
“Yo no quería mentir
me hiciste un mentiroso
hoy digo lo que quieres oír
como un acto piadoso”
MENTIROSO – 1998

Y en fin, hay varios más así de evidentes pero creo que con eso es suficiente. No digo que Sabina sea el perfecto letrista, de hecho, un par de veces me decepcionó encontrar canciones de él bastante “inspiradas” en cosas de Silvio Rodríguez o del Nano. Pero lo de Arjona es descomunal. Desde los citados ejemplos, hasta el CD “Si el norte fuera el sur” (y el tema homónimo), que es una especie de imitación sin sentido de El sur también existe, el poema de Benedetti…(que Serrat popularizó al cantarlo de una forma hermosa)
Otro problema con Arjona, es que NO LE CREO. Algunas mujeres a las que les gusta mucho, me dijeron que lo que les gusta es que el “Entiende como ningún otro a las mujeres”. Y lo único que hace Arjona, es decir lo que los demás quieren escuchar, eso es la diferencia con por ejemplo, Sabina. Ya que por más que hablen del mismo “tema” (desamor, olvido, etc…), cuando se escucha algo cantado por Arjona se nota lo falso desde el espacio. No pasa lo mismo con Joaquín.

Patricio una vez me dijo algo que es ciertísimo. La fórmula de Arjona para fingir ser poeta parece oponer ideas. Me puso en el MSN:

La Técnica Ricardo Arjona consiste simplemente en tirar una frase mencionando una característica femenina y contradecirla de manera invertida en la misma frase.

Probá vos también, es divertido:

“Tu silencio me aturde”
“Voy a cerrar los ojos para poder verte”
“Es la seriedad de tu sonrisa lo que me gusta de ti, mujer”

Pat, at MSN

Además, LO PEOR DE TODO. Su nuevo CD, se llamará Quinto PisoPatricio y yo nos matamos pensando el nombre de nuestra empresa, y viene el tipo y te lo hace CD.
Así que Arjona dejá de robarle a Sabina, a Silvio, a todos los que no conozco, y sobre todo, ¡¡a mi!!( ya mi vecino)

Si el norte fuera el sur, Arjona

El sur también existe, Serrat cantando a Benedetti

(¡Qué feo es el nuevo Embed de Goear!)

Sep 21

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Foto del autor original en Flickr

Las palabras pintadas en la pared son los últimos dos versos del Poema 14 de Neruda, publicado en sus 20 Poemas de amor y una canción desesperada:

Quiero hacer contigo
lo que la primavera hace con los cerezos.

El fruto del cerezo madura desde finales de la primavera, hasta principios de verano (wiki). Hoy comienza la primavera y las flores todavía no aparecen, el otoño es quien está más presente. De la misma forma, mientras todos los estudiantes están desperramados por las plazas de la ciudad, yo estoy acá solo, escribiendo frente a la computadora como una hoja perdida y melancólica. Pero con esperanzas, para mi, y para todos. Creo que los sueños son iguales a las semillas, esperan el momento indicado para florecer, tienen un destino. Si la semilla es pura será flor, y el sueño será realidad.
Ojalá que el destino de todos sus sueños se vea hecho flor durante esta primavera.

Donde pongo la vida pongo el fuego
de mi pasión volcada y sin salida.

Donde tengo el amor, toco la herida.

Donde pongo la fe, me pongo en juego.

Pongo en juego mi vida, y pierdo, y luego
vuelvo a empezar, sin vida, otra partida.

Perdida la de ayer, la de hoy perdida,
no me doy por vencido, y sigo, y juego
lo que me queda: un resto de esperanza.

Al siempre va. Mantengo mi postura.

Si sale nunca, la esperanza es muerte.

Si sale amor, la primavera avanza. 

Ángel González, La vida en juego

 

Antes de terminar de postear me llama mi mamá, y me dice que salga al balcón. Le hago caso, miro y me encuentro con el arco iris de la foto. Cara a cara se veía mucho más vívido.

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Sep 20
Viento
icon1 Germán | icon2 Escritos, Poesía | icon4 09 20th, 2008| icon32 Comentarios »

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En Flickr

Es que el viento se lleva las casas de los niños,
Se lleva a sus madres, sus hermanos, y sus padres,
Sus juguetes, sus recuerdos y también sus sueños,
Desbroza la realidad llevándose secretos.

Porque el viento arrasa campos, destroza jazmines,
La flor más pura se quiebra ante su necedad,
Se van incluso los enigmáticos caminos, y los países,
Se van imperios, sus tardes, y sus noches tristes.

Se nos va todo ante el ímpetu de lo infinito,
Ante aquello que no detiene jamás su fuerza,
Quizás el viento esconde a Dios, o tal vez lo lleva.

No hay nada que perdure, excepto las palabras.
A las palabras no se las lleva jamás el viento,
Las palabras son el símbolo de lo eterno.

¿Ustedes que creen? ¿Las palabras se las lleva el viento?

Sep 16
Carmen
icon1 Germán | icon2 Escritos, Poesía | icon4 09 16th, 2008| icon32 Comentarios »

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Foto del autor original en Flickr

Fue casi simbólica. No puedo siquiera imaginar otra forma de describir esa mañana, que quizás incluso sucedió por la tarde. El anciano llevaba más de veinticinco años viviendo sin un sólo reloj en la casa, sometido a una rutina fotofóbica y a una dieta de luna y literatura. Debo decir, sin embargo, en su favor, que jamás profirió alguna palabra ofensiva en mi contra. Me trató con gentileza desde el primer día en que llegué a su casa, hubo alguna vez un altercado, pero descubrí que los problemas sólo sucedían cuando yo quitaba o ignoraba alguna de las piezas de su estructura. Inexorablemente terminé siendo muy culto, conociendo la doctrina de aquella perdida casa, como conoce un rabino a la Torah, o como conoce un niño la ley de la gravedad.
Cenábamos a la hora en que a través de la hendija de la puerta principal, podían verse pasar a las primeras prostitutas que poblaban las esquinas. Antiguamente, el anciano se quedaba horas observando para encontrar a la luna por esa pequeña hendija,  pero amargamente aceptó que no la iba a encontrar todas las noches, y que lo único que se repetía de igual forma fuera de su casa, eran los pasos de esas mujeres trabajando. Esas mujeres a las que tanta repulsión les tenía. El almuerzo era algo más complicado, ya que abundaban las persianas en los pasillos, y el anciano siempre evitaba los fugaces destellos de luz que se filtraban en los rincones. Quizás por eso fue mi destino convivir con él durante tanto tiempo. De cierta forma ambos nos necesitábamos, éramos parte de una misma moneda. Él, espiaba a la oscuridad en la noche, y yo lo hacia en el día, contabilizando laboriosamente la cantidad de automóviles que pasaban desde que ambos nos despertábamos. Ciento cincuenta y cinco era el número. Luego, comíamos.
No menos ingeniosa era la forma en que conseguíamos la comida. Muy pocas cosas podían sobrevivir desamparadas de la luz, cobijadas solamente por la oscuridad. Pero había una que sí lo hacía, y de la cual dependíamos completamente para sobrevivir. La Cyclamen hederifolium, una flor. Está documentado por la mayoría de botánicos, que ésta flor no es apta para el consumo humano, pero muchas veces los documentos se contradicen frente a la experiencia propia, y yo discierno de la opinión científica en el caso de esta flor, a la que mientras conviví con el anciano llamé Carmen.
Jamás supe como llegó Carmen a su casa, ni como es que se regeneraba a sí misma. Me gusta imaginar que fue el regalo de alguna mujer, o, mejor aún, que es un regalo que el anciano jamás pudo dar a nadie, pero que alguna vez durante su juventud soñó en hacerlo. Un regalo que está esperando a ser entregado, y que no se resignará a desvanecerse hasta realizar su designio. En cada almuerzo, y en cada cena, comíamos sólo un pétalo de Carmen cada uno. Un pétalo era suficiente para mantenerse con energía durante la jornada, e incluso en ocasiones no llegábamos a comerlo por completo, puesto que Carmen guardaba algo de alimento milagroso en su esencia. O tal vez así queríamos creerlo nosotros. Lo más satisfactorio de todo, era reconocer cada día y cada noche, un sabor distinto en los pétalos. Algunas veces parecía con sabor a frutas, otras veces con sabor a hierbas, y otras veces con sabor a Carmen. Pero nunca era igual. Ni Carmen, ni la hierba, ni la fruta. El anciano estaba sometido a su rutina, porque durante toda su vida había intentado comprender la forma multifacética de Carmen, no necesitaba más cambios en el día que los que su flor, su eterna flor, le brindaba.
Eso deduje yo cuando empecé a envejecer. Cuando empecé a tener miedo de espiar la hendija en las noches que el anciano se encontraba cansado. Sólo me atrevía a hacerlo con un poco de soltura durante el día. Pero no podía hacerlo de ninguna otra forma. Olvidé por completo la contextura de la luna, y también la de los tacos de aquellas prostitutas. Sus pasos por las noches sonaban como un segundero en la vereda. Ya incluso no podía saber ciertamente si la luna existía, o si era algo que soñé durante una noche muy lejana.
Hablaba al comienzo yo, de una tarde, o una mañana. Hablaba de un momento el cual me lleva a transcribir estas palabras, como las últimas palabras que alguna vez pronunciaré. A la hora del almuerzo, luego de los ciento cincuenta y cinco autos-que ya eran muy distintos a los que había contado mi primer día en esa casa- llamé al anciano para advertirle que era momento de comer. Asintió al otro lado de la sala, y se puso los guantes con los que cuidadosamente robaba los pétalos a Carmen. Caminó por los pasillos, con mi sombra detrás de él. Ninguno de los dos hablaba en estas situaciones. Se acercó al pequeño placard de madera donde estaba Carmen, y lo abrió con el cuidado de un cirujano, temeroso a que una ráfaga fuerte de viento tomé desprevenida a nuestra fuente de vida. El anciano estaba enfermo, y de igual forma parecía estarlo Carmen. Ambos balbuceaban, Carmen meciéndose entre las caricias del anciano, el anciano quitándose los guantes para sentir con los dedos, por primera y última vez, el frío tallo de Carmen. Puedo casi asegurar, que el anciano sonrío al momento de tocarla, y si de deducción se tratase, diría también que Carmen esbozó una sonrisa. Luego se desvaneció. Dejó un placard completamente vacío, un placard que ya no era más infinito, un placard común y corriente, un placard de madera. El anciano también se desvaneció. Dejó su cuerpo, un cuerpo completamente vacío, un cuerpo que ya no era infinito, un cuerpo común y corriente, un cuerpo de carne, un cuerpo que ya no le tenía miedo a la luz.
No puedo saber realmente si el anciano vivía para Carmen, o Carmen para el anciano. Sí puedo decir, que seguramente la muerte de uno fue la misma que la del otro.
¿Qué era yo, ahora sin el anciano y su estructura? ¿Qué era yo ahora, sin los pétalos de Carmen?
Por debajo de la puerta pude adivinar el sol. Quizás el día no era tan cruel. Recuerdo que durante mi infancia lo adoraba, recuerdo que las hamacas parecían ser un enlace junto al cielo. Por eso, tomo el picaporte entre mis manos de una forma que jamás había hecho, ignorando la hendija eterna que descansaba a sus pies, y doy lentos pasos hacia el exterior.
Si la muerte del anciano fue la misma que la de Carmen, temo que mi muerte sea la misma que la de este relato. El sol parece desvanecerse, creo que está acercándose el ocaso.

Sep 13
Hoy quisiera
icon1 Germán | icon2 Escritos, Poesía | icon4 09 13th, 2008| icon3Sin Comentarios »

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Foto del autor original en Flickr

“Hoy quisiera ser viejo y muy sabio y poderte decir
lo que aquí no he podido decirte,
hablar como un árbol
con mi sombra hacia ti.
Como un libro salvado en el mar,
como un muerto que aprende a besar,
para ti, para ti,
para ti, para ti.”
Silvio Rodríguez, de la Ausencia y de ti.

Hoy quisiera, amor,
separar la prodigiosa sensibilidad
del desarmado cuerpo
para filtrarme entre las centellas del cielo,
viajando a la velocidad de la luz.

Es bien sabido que la felicidad es fugaz,
así advierto ahora mi plan:
Cuando abras al azar alguna puerta,
Junto al viento que se adentra,
Sentirás el fulgor de un beso
y durante una décima de segundo
Se apoderará de tus sueños eternos
Sin que siquiera te des cuenta.

Sin que siquiera sueñes tus sueños.

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