Siete Crisantemos » Blog Archive » Borges y yo

Borges y yo

borges.jpg

Un 24 de agosto como hoy, en 1899, nacia el escritor argentino -y lo afirmo sin ninguna vacilación- más grande de toda la historia. Fue en Buenos Aires, ciudad que en los versos de su poesía aparece constantemente, ya sea de forma explícita o no. Aquellos barrios de orilleros, las sectas del cuchillo y el coraje, el infinito patio de Palermo y los laberínticos entreveros poblaron de forma mágica su obra.

Me sabe a cuento
que se fundase Buenos Aires
la juzgo tan eterna
como el mar y el viento.

Nada puedo decir yo. La oscuridad fue adueñándose de él (Nadie rebaje a lágrima o reproche/esta declaración de la maestría /de Dios, que con magnífica ironía/me dio a la vez los libros y la noche[...]), de la misma forma que lo hizo con su padre, de la misma forma en que se silenció el mundo para Beethoven. Desde allí nos dejó un legado, las palabras actuando de forma pura. Esa es la sensación que tengo cuando lo leo, si está escrita la palabra “llanura”, siento que esa palabra se inventó para ese lugar exacto donde él la escribe.
Concluyo el post de la única forma que puede hacerse, citando un mágnifico texto tuyo, un autorretrato tan preciso como si de una pintura se tratase.

Borges y yo, El hacedor (1960)

Al otro, a Borges, es a quien le ocurren las cosas. Yo camino por Buenos Aires y me demoro, acaso ya mecánicamente, para mirar el arco de un zaguán y la puerta cancel; de Borges tengo noticias por el correo y veo su nombre en una terna de profesores o en un diccionario biográfico. Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII>, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson; el otro comparte esas preferencias, pero de un modo vanidoso que las convierte en atributos de un actor. Seria exagerado afirmar que nuestra relación es hostil; yo vivo, yo me dejo vivir, para que Borges pueda tramar su literatura y esa literatura me justifica. Nada me cuesta confesar que ha logrado ciertas páginas válidas, pero esas páginas no me pueden salvar, quizá porque lo bueno ya no es de nadie, ni siquiera del otro, sino del lenguaje o la tradición. Por lo demás, yo estoy destinado a perderme, definitivamente, y sólo algún instante de mí podrá sobrevivir en el otro. Poco a poco voy cediéndole todo, aunque me consta su perversa costumbre de falsear y magnificar. Spinoza entendió que todas las cosas quieren perseverar en su ser; la piedra eternamente quiere ser piedra y el tigre un tigre. Yo he de quedar en Borges, no en mi (si es que alguien soy), pero me reconozco menos en sus libros que en muchos otros o que en el laborioso rasgueo de una guitarra. Hace años yo traté de librarme de él y pasé de las mitologías del arrabal a los juegos con el tiempo y con lo infinito, pero esos juegos son de Borges ahora y tendré que idear otras cosas. Así mi vida es una fuga y todo lo pierdo y todo es del olvido, o del otro.
No sé cuál de los dos escribe esta página.

6 comentarios

  1. Patricio Dijo:

    ¿Qué Dios, detrás de Dios, la trama empieza?

    Ajedrez de Borges es genial…

  2. germangallo Dijo:

    Absolutamente.

    Sin haber leido todo lo que escribió Borges, y teniendo que romperme la cabeza para entender algunas cosas, creo que el 99% de sus escritos son geniales

  3. Pedro López Azcuénaga Dijo:

    Es bueno que un país cuente
    con poetas exitosos.
    El caso de Borges, es el de
    un poeta reconocido
    internacionalmente.
    La forma en que expresa sus impresiones, sus
    sentimientos, sus
    inquietudes, lo colocan en
    un rango muy alto en la
    escala acertada en cuanto
    a la realización del ser.
    Hay que ver como se
    desarrolla la novela,
    apoyando un sinnúmero de imágenes observadas
    previa y atentamente por
    el autor, transmitiendo a
    los lectores el mensaje de
    una vida mas justa, mas esperanzada, mas alegre.

  4. Carlos Dijo:

    Hola. Yo conocía estos versos: “A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires / La juzgo tan eterna como el agua y el aire”. Son de “Misteriosa Buenos Aires”.
    ¿De dónde salen los que citás? Sé que están en una estación de Metro de Madrid, pero no sé de dónde salen.

  5. Germán Dijo:

    Hola Carlos, esta cita en particular, la de la estación de Madrid que es la que puse, es una corrección -que no sé quién, ni por qué razón se hizo- sobre los últimos dos versos del poema Fundación Mítica de Buenos Aires publicada en 1929.
    La original tiene los versos como vos mismo los citaste, y la dejo completa a continuación.

    “¿Y fue por este río de sueñera y de barro
    que las proas vinieron a fundarme la patria?
    Irían a los tumbos los barquitos pintados
    entre los camalotes de la corriente zaina.

    Pensando bien la cosa, supondremos que el río
    era azulejo entonces como oriundo del cielo
    con su estrellita roja para marcar el sitio
    en que ayunó Juan Díaz y los indios comieron.

    Lo cierto es que mil hombres y otros mil arribaron
    por un mar que tenía cinco lunas de anchura
    y aún estaba poblado de sirenas y endriagos
    y de piedras imanes que enloquecen la brújula.

    Prendieron unos ranchos trémulos en la costa,
    durmieron extrañados. Dicen que en el Riachuelo,
    pero son embelecos fraguados en la Boca.
    Fue una manzana entera y en mi barrio: en Palermo.

    Una manzana entera pero en mitá del campo
    expuesta a las auroras y lluvias y suestadas.
    La manzana pareja que persiste en mi barrio:
    Guatemala, Serrano, Paraguay y Gurruchaga.

    Un almacén rosado como revés de naipe
    brilló y en la trastienda conversaron un truco;
    el almacén rosado floreció en un compadre,
    ya patrón de la esquina, ya resentido y duro.

    El primer organito salvaba el horizonte
    con su achacoso porte, su habanera y su gringo.
    El corralón seguro ya opinaba Yrigoyen,
    algún piano mandaba tangos de Saborido.

    Una cigarrería sahumó como una rosa
    el desierto. La tarde se había ahondado en ayeres,
    los hombres compartieron un pasado ilusorio.
    Sólo faltó una cosa: la vereda de enfrente.

    A mí se me hace cuento que empezó Buenos Aires:
    La juzgo tan eterna como el agua y como el aire.”

    Definitivamente me quedo con esta versión; con la original y verdadera. Sin embargo cuando cité en el post, no la conocía.
    Perdón por el error, y gracias por el comentario que me dio la oportunidad de aclararlo.

Deja tu comentario