Siete Crisantemos » 2008 » Junio
Jun 30

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(Ver foto del autor original en Flickr)

El trabajo y el estudio están sobrevalorados. Me molesta que al resto de cosas se los considere, normalmente, pérdidas de tiempo.
Creo que leer/escribir(por más mediocre que sea) de cualquier cosa, desde el pétalo que se cae de una flor(?), hasta la muerte, las mujeres o la infinidad de etcéteras que se les ocurra; es igual de valioso que estudiar sobre cuánto da la suma de dos logaritmos o la elasticidad de la demanda.
Es una de las cosas que no me gustan de la actualidad, todo es tremendamente utilitarista: si no sirve para ganar plata, no sirve para nada.
A continuación dejo la Balada de la oficina, de Roberto Mariani.

Entra. No repares en el sol que dejas en la calle. Él está caído en la calle como una blanca mancha de cal. Está lamiendo ahora nuestra vereda; esta tarde se irá enfrente. Entra. No repares en el sol. Tienes el domingo para bebértelo todo y golosamente, como un vaso de rubia cerveza en una tarde de calor. Hoy, deja el perezoso y contemplativo sol en la calle. Tú, entra. El sol no es serio. Entra. En la calle también está el viento. El viento que corre jugando con fantasmas. Fantasma él también, pues no se ve con los ojos de la cara, y se lo siente. El viento está jugando; ya corriendo una loca carrera por en medio de la calle; ya golpeándose las sienes contra las paredes de las casas; ya deshilándose en las copas de los árboles… f… f… f… f… El viento es juguetón como un recental; esto no es serio. Tú entra.

Deja en la calle sol, viento, movimiento loco; tú, entra.

¿Qué podrías hacer en la calle? ¿No tienes vergüenza, estúpido sentimental, regodearte con el sol como un anciano blanco, y esqueletoso, y centenario? ¿No te humilla, en tu actual situación de muchacho fornido, dejarte forrar por el viento como una hoja dentro de un remolino?

¡Y la lluvia! No te avergonzaré recordándote que los otros días estuviste tres horas, ¡tres horas!, contemplando tras la vidriera del café, caer y caer y caer, monótonamente, estúpidamente, una larga, monótona y estúpida lluvia. Entra, entra.

Entra; penetra en mi vientre, que no es oscuro, porque, ¡mira cuántos Osram flechan sus luminosos ojos de azufre encendido como pupilas de gata! Penetra en mi carne, y estarás resguardado contra el sol que quema, el viento que golpea, la lluvia que moja y el frío que enferma.

Entra; así tendrás la certeza —que dará paz a tu espíritu— de obtener todos los días pan para tu boca y para la boca de tus pequeñuelos. ¡Tus pequeñuelos, tus hijos, los hijos de tu carne y de tu alma y de la carne y del alma de la compañera que hace contigo el camino! Yo te daré para ellos pan y leche; no temas; mientras tú estés en mi seno, y no desgarres las prescripciones que tú sabes, jamás faltará a tus pequeñuelos, ¡los pobres!, ni pan, ni leche, para sus ávidas bocas. Entra; acuérdate de ellos; entra.

Además, cumplirás con tu deber. Tu Deber. ¿Entiendes? El trabajo no deshonra, sino que ennoblece. La Vida es un Deber. El hombre ha nacido para trabajar.

Entra; urge trabajar. La vida moderna es complicada como una madeja con la que estuvo jugando un gato joven. Entra; siempre hay trabajo aquí.

No te aburrirás; al contrario, encontrarás con qué matizar tu vida. (Además de que es un Deber.) Entra. Siéntate. Trabaja. Son cuatro horas apenas. Cuatro horas. Pero, eso sí: nada de engañifas ni simulaciones ni sofisticaciones. ¡A trabajar! Si tu labor es limpia, exacta y voluntariosa —voluntariosa sobre todo—, los jefes te felicitarán. Tú estás sano; puedes resistir estas cuatro horas. ¿Has visto cómo las has resistido? Ahora vete a almorzar. Y vuelve a hora cabal, exacta, precisa, matemática. ¡Cuidado! Porque si todos se atrasaran, se derrumbaría la disciplina, y sin disciplina no puede existir nada serio. Otras cuatro horas al día. Nadie se muere trabajando ocho horas diarias. Tú mismo, dime: ¿no has estado remando el domingo once o doce horas, cansando tus músculos en una labor con el agua que me abstengo de calificar por el ningún rendimiento que se obtiene? ¿Ves tú? ¡Y con inminente peligro de ahogarte ! Yo sólo te exijo ocho horas. Y te pago, te visto, te doy de comer. ¡No me lo agradezcas! Yo soy así.

Ahora vete contento. Has cumplido con tu Deber. Ve a tu casa. No te detengas en el camino. Hay que ser serio, honesto, sin vicios. Y vuelve mañana, y todos los días, durante 25 años; durante los 9.125 días que llegues a mí, yo te abriré mi seno de madre; después, si no te has muerto tísico, te daré la jubilación.

Entonces, gozarás del sol, y al día siguiente te morirás. ¡Pero habrás cumplido con tu Deber!

Balada de la oficina, Roberto Mariani

Jun 25
Barro
icon1 Germán | icon2 Escritos, Poesía | icon4 06 25th, 2008| icon32 Comentarios »

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(Foto original del autor en Flickr)

 «¿Acaso la pieza de barro dirá a quien la modeló por qué me hiciste así? O ¿es que el alfarero no es dueño de hacer de una misma masa unas vasijas para usos nobles y otras para usos despreciable?.»Rom 9,20-21

Es más simple ver las cosas como son:
no se engendra aquí misterio alguno.
La flor es bella, y el barro -esencia nuestra- es inmundo.
Las esperanzas matan con dulzura,
la realidad con sínica crueldad.
Y en el cielo nocturno no hay estrellas:
son tan sólo luces de algun pasado,
como toda luz, ámbar sin prescencia.

Los sueños son vanas mentiras nuestras,
y mentimos mejor durante la noche,
lo cual no significa que decimos
absolutas verdades en el día.

Es más simple ver las cosas como son,
Un preámbulo de esa única verdad,
de la única noche verdadera
que nos enterrará en nuestra esencia por siempre.

Jun 20

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(Foto del autor original en Flickr)

Con la mayoría de poesías que leo de Oliverio Girondo, me vuelvo loco. Son asombrosas y hacen un uso del lenguaje increíble. Selecciono sólo tres, pero con el tiempo van a ir apareciendo muchas más por el blog.
La primera…sublime. No creo que pueda decirse de una forma más acertada esto que yo también pienso y siento.

No se me importa un pito que las mujeres
tengan los senos como magnolias o como pasas de higo;
un cutis de durazno o de papel de lija.
Le doy una importancia igual a cero,
al hecho de que amanezcan con un aliento afrodisíaco
o con un aliento insecticida.
Soy perfectamente capaz de sorportarles
una nariz que sacaría el primer premio
en una exposición de zanahorias;
¡pero eso sí! -y en esto soy irreductible- no les perdono,
bajo ningún pretexto, que no sepan volar.
Si no saben volar ¡pierden el tiempo las que pretendan seducirme!
Ésta fue -y no otra- la razón de que me enamorase,
tan locamente, de María Luisa.
¿Qué me importaban sus labios por entregas y sus encelos sulfurosos?
¿Qué me importaban sus extremidades de palmípedo
y sus miradas de pronóstico reservado?
¡María Luisa era una verdadera pluma!
Desde el amanecer volaba del dormitorio a la cocina,
volaba del comedor a la despensa.
Volando me preparaba el baño, la camisa.
Volando realizaba sus compras, sus quehaceres…
¡Con qué impaciencia yo esperaba que volviese, volando,
de algún paseo por los alrededores!
Allí lejos, perdido entre las nubes, un puntito rosado.
“¡María Luisa! ¡María Luisa!”… y a los pocos segundos,
ya me abrazaba con sus piernas de pluma,
para llevarme, volando, a cualquier parte.
Durante kilómetros de silencio planeábamos una caricia
que nos aproximaba al paraíso;
durante horas enteras nos anidábamos en una nube,
como dos ángeles, y de repente,
en tirabuzón, en hoja muerta,
el aterrizaje forzoso de un espasmo.
¡Qué delicia la de tener una mujer tan ligera…,
aunque nos haga ver, de vez en cuando, las estrellas!
¡Que voluptuosidad la de pasarse los días entre las nubes…
la de pasarse las noches de un solo vuelo!
Después de conocer una mujer etérea,
¿puede brindarnos alguna clase de atractivos una mujer terrestre?
¿Verdad que no hay diferencia sustancial
entre vivir con una vaca o con una mujer
que tenga las nalgas a setenta y ocho centímetros del suelo?
Yo, por lo menos, soy incapaz de comprender
la seducción de una mujer pedestre,
y por más empeño que ponga en concebirlo,
no me es posible ni tan siquiera imaginar
que pueda hacerse el amor más que volando

No se me importa un pito, Oliverio Girondo

 

La segunda es otro de las sensaciones que suelo tener a menudo. En realidad es más frecuente que eso, podría decir que cada vez que pienso en por qué, para qué, y demás preguntas. Siempre me siento así. Cansado. ¡Y qué cansado vivo!

Cansado.
¡Sí!
Cansado
de usar un solo bazo,
dos labios,
veinte dedos,
no sé cuántas palabras,
no sé cuántos recuerdos,
grisáceos,
fragmentarios.

Cansado,
muy cansado
de este frío esqueleto,
tan púdico,
tan casto,
que cuando se desnude
no sabré si es el mismo
que usé mientras vivía.

Cansado.
¡Sí!
Cansado
por carecer de antenas,
de un ojo en cada omóplato
y de una cola auténtica,
alegre,
desatada,
y no este rabo hipócrita,
degenerado,
enano.

Cansado,
sobre todo,
de estar siempre conmigo,
de hallarme cada día,
cuando termina el sueño,
allí, donde me encuentre,
con las mismas narices
y con las mismas piernas;
como si no deseara
esperar la rompiente con un cutis de playa,
ofrecer, al rocío, dos senos de magnolia,
acariciar la tierra con un vientre de oruga,
y vivir, unos meses, adentro de una piedra.

Cansado, Oliverio Girondo

Y el tercero basta con verlo para apreciar la magnitud con la que Girondo junto a otros grandes escritores como Borges crearon una ruptura en la poesía que se solía ver hasta principios del siglo XX.

Yo no sé nada
Tú no sabes nada
Ud. no sabe nada
El no sabe nada
Ellos no saben nada
Ellas no saben nada
Uds. no saben nada
Nosotros no sabemos nada

La desorientación de mi generación tiene su expli-
cación en la dirección de nuestra educación,cuya
idealización de la acción, era – ¡sin discusión!-
una mistificación, en contradicción
con nuestra propensión a la me-
ditación, a la contemplación y
a la masturbación. (Gutural,
lo más guturalmente que
se pueda.) Creo que
creo en lo que creo
que no creo. Y creo
que no creo en lo
que creo que creo
«C a n t a r d e l a s r a n as»
¡Y     ¡Y      ¿A       ¿A     ¡Y       ¡Y
  su     ba       llí        llá      su       ba
   bo       jo          es           es        bo         jo
   las      las          tá?            tá?       las        las
     es        es          ¡A                 ¡A           es          es
      ca       ca            quí                    cá            ca          ca
       le        le            no                          no             le           le
         ras      ras          es                              es             ras        ras
         arri     aba         tá                                   tá            arri        aba
         ba!…    jo!…       !…                                       !…            ba!…     jo!…

Oliverio Girondo

Jun 18
Democracia
icon1 Germán | icon2 Pensamientos, Política | icon4 06 18th, 2008| icon310 Comentarios »

Uno: –Ahora no hay libertad.

Otro (más corpulento que el anterior): –Ahora hay libertad. Antes si usted gritaba ‘¡Muera Perón!’ iba a parar a la comisaría segunda. Ahora, si grita ‘¡Muera Rojas!” no le pasa nada, salvo que yo le bajo los dientes de un sopapo.”

Borges

Pensar que por el hecho de que un gobierno haya sido elegido democráticamente hay que apoyarlo, es simplemente ridículo.

Más allá de todos los problemas que trajo este conflicto creo que ayudó a que muchos  a darse cuenta que estar bien economicamente no es lo único importante. La libertad es realmente lo más importante, siempre.

Jun 18
Lucía
icon1 Germán | icon2 Escritos | icon4 06 18th, 2008| icon34 Comentarios »

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(Foto del autor original en Flickr)

No llovía. Pero de todas formas estabas vestida en gabardina, y el sol resbalaba por tu espalda con más fluidez que el agua, como un río de luz en busca del naufragio en tu centro.
Yo podía verte, tu mirada enlutada en el vacío parecía evocar los dolores y las penas que habían determinado tu presencia en esa plaza aquella y todas las otras tardes.
La negra delineación que nacía en tu lagrimal y moría a una breve distancia de tus ojos te hacia misteriosa, intrigante, pero al mismo tiempo te dejaba desnuda y expuesta.
El humo blanco salía de tu boca mientras fumabas y los labios oscuros se disfrazaban en un mar de carmín que disimulaba el silencio al que estaban sometidos desde hacia tanto tiempo.
Tiraste el cigarrillo mientras por la vereda de enfrente me agaché a recoger una moneda que se había caido en la zanja.
Cuando volví a levantar la vista un auto se detuvo enfrente tuyo. Bajó la ventanilla. Observaste a tu izquierda, temerosa. Y subiste.
Pregunté por vos a un hombre que también te estaba observando.
-Se llama Lucía. Es una de las tantas putas que laburan por acá.

Pero sinceramente, yo creo que eras un ángel.

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