
(Foto en Flickr)
Tras una sucesión escalonada
de caricias sobre el lento piano,
dejó caer su muerto pulso en la nada
congelado por el gélido aliento de algo.Detrás de la puerta se podía escuchar
el ruido de tacos sobre madera.
Con sequedad monótona imitaban al mar,
o al movimiento de ausentes caderas.Con incertidumbre metálica
el silencio de notas lo estremecía,
y lo inundaba en una caida caótica
pues era risa más que melodía.Una sonrisa amorfa
con rastros de melancolía.
un dejo del cielo en la tierra
de una luna escondida en el día,…
-Pero jamás volvió a oírla-
…
Sus dedos cayeron en un acorde lúgubre,
donde todo se evaporó, como era usual.
Así nacía el canto funebre
de su propio funeral.
Escuchaba esto mientras intentaba escribir…




Mayo 29th, 2008 a las 7:04 pm
ESAAAAAAAAAA! Buenísimo.
El “-Pero jamás volvió a oírla-” es muy EMILY DICKINSON.
Mayo 29th, 2008 a las 7:12 pm
Eso, sin dudas es un halago!:P
Mayo 30th, 2008 a las 3:37 pm
Sin palabras excepto qué bella melodía. Acompaña bien.
Un saludo.