
(Foto del autor original en Flickr)
[...]Hay una hora de la tarde en que la llanura está por decir algo; nunca lo dice o tal vez lo dice infinitamente y no lo entendemos, o lo entendemos pero es intraducible como una música…[...]
La vida es así, indescriptibl e incierta. Muchas veces nos perdemos sus susurros, o sus gritos, muchas otras veces los buscamos. Y a veces solamente esperamos…
Te llaman porvenir
porque no vienes nunca.
Te llaman: porvenir,
y esperan que tú llegues
como un animal manso
a comer en su mano.
Pero tú permaneces
más allá de las horas,
agazapado no se sabe dónde.
… Mañana!Y mañana será otro día tranquilo
un día como hoy, jueves o martes,
cualquier cosa y no eso
que esperamos aún, todavía, siempre.
Creo que lo único que nos queda, desde el principio, desde el final. Es el momento, es ahora – que ya se pierde – pero es lo único que tenemos. El resto, es niebla. Aunque no niego, que me guste la niebla. Caminar por ella como por la vida, sin saber adonde mirar, queriendo ver todo, creyendo ver a veces, pero con la certeza de que en realidad hay mucho más que lo que nuestros ciegos ojos ven. Hay otras personas, hay otras dudas, otros miedos, otras alegrías, otros llantos, otros silencios, otras canciones. Otra pálida mezcla de heridas y sentimientos que se fusionan en la inmensa niebla.
Algo así, intenté explicar en este soneto…
¿No son las vísperas, lo más hermoso?
Esos segundos calmos y fugaces
Donde se devela el secreto ignoto.
Como al nacer de la voz, el silencio.
¡Y cuanto más hermosas son las horas
Previas a los besos y las caricias,
esos momentos en que estremecen
¡desde los ojos a las pantorrillas!O cuando se nos presenta el perfume
de la lluvia inminente que en breve,
se desarmará entre mil miradas
que injustamente olvidarán su llanto.¡Ahí se esconde el encanto de vivir!
gozar el presente y no el porvenir!







